Después de un libro nunca somos los mismos

Editorial: Marlon PV

Construir una biblioteca personal es siempre una acción intuitiva de curiosidad, pero a la vez, un registro de nuestros diferentes yo. Vemos el recorrido de intereses, gustos y obsesiones propias, algo así como ver una fotografía y recordar quiénes fuimos, pero sobre todo, cómo nos definimos en el ahora. Nuestra biblioteca es justo una mirada a la evolución que hemos experimentado como agencia y hoy 23 de abril, justo en el Día Internacional del Libro, queremos conmemorar los vínculos detrás de los libros que nos han acompañado en estos 10 años.


Lo fundamental: ¿qué libros se quedan para siempre? Y es que en ocasiones una primera lectura nos encuentra en un momento en el que no estamos listos para ella. Por eso apostamos por las relecturas y aunque parezca mágico, el registro de una imagen o una idea se queda en nuestro inconsciente para después salir en defensa del presente. Tener el privilegio de volver a un libro es un acto de reconocer que, aunque no haya sido amor (o idea) a primera vista, sorpresivamente nos lleva a lugares insospechados. Por eso pensamos que todos los libros se quedan y en su persistencia nos hacen entrar a ellos con profundidad y convicción.

Como agencia sabemos que el diseño se nutre de diversas perspectivas, análisis y posturas. Coleccionamos libros de diseño —¡por supuesto!—, de arte, pintura, música, logotipos, historia, catálogos de exhibición entre muchos otros. Es muy inspirador poder elegir la composición de las ideas: la performatividad de tomar varios libros a la vez, hojearlos y revisarlos,  es lo más parecido a un acompañamiento que nos trae calma y silencios, vitales para la reflexión antes de cualquier propuesta, concepto o incluso, antes de los festivales en los que participamos.

Sumergirnos en su lectura nos da otro ritmo de las cosas, sobre todo en un presente que acelera y no se detiene a sentir, observar y pensar. Esta experiencia lectora-analítica se relaciona con nuestros proyectos de largo aliento, los cuales buscan la profundidad como elemento clave de conexión. Pensamos en el libro como dispositivo del tiempo que nos regala pausas para hacer madurar ideas.

El libro es un discurso en contra de lo efímero, como esa puerta que se abre hacia una caminata interior que transformará nuestro presente.


Después de un libro nunca somos los mismos; es cierto. Desde esa certeza celebramos su materialidad y el encuentro con lo permanente.

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